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Título: “Rojo y Negro”
Título Original: “Le Rouge et Le Noir”
Autor: Stendhal
Año: 1830



Por Patricia Suárez

Hace diez años leí Rojo y Negro y todavía hoy considero a su protagonista, Julián Sorel, un amigo de infancia. Los protagonistas de sus novelas son jóvenes con ansias de libertad, que quieren ser héroes. Conciben proyectos heroicos –enrolarse en las filas de Napoleón– sin el menor sentido práctico y sus fracasos tienen ribetes dramáticos. Sin embargo, no hay tragedia. Stendhal, que la tenía bien clara en este punto, sabía que para que exista una tragedia tiene que haber grandeza de espíritu. De los personajes stendhalianos, Julián Sorel es el que más me gusta porque es el más argentino, medio pariente del Silvio Astier de El Juguete rabioso. Julián Sorel es un tilingo, es el tipo que quiere ser admirado por su hombría pero que también quiere zafar del medio que lo rodea. Es el argentino que milita y a su vez compra el Quini a escondidas, porque en el fondo desea ganarse el premio e irse a una isla paradisíaca de las que aparecen en la revista Hola.
 
Por Patricia Suárez

(Reseña bibliográfica no ortodoxa)

Conocí a Simenon hace década y media. Yo estaba en la casa quinta de una amiga en Sauce Viejo, Santa fe, en pleno verano. Hacía demasiado calor todo el día y mi amiga leía, uno tras otro, los libros del Inspector Maigret. Yo nunca había oído hablar de él hasta entonces y me sonaba un poco como el Inspector Clouseau, aquel que siempre anda detrás de la Pantera Rosa. Mi amiga, por su parte, hablaba de Maigret, de la señora Maigret, de los métodos de deducción, de la policía francesa y de la cocción de ragout, con una familiaridad tal como si hablara de la vecina o de una amiga de la escuela primaria. Yo nunca había oído a nadie hablar así de un personaje. Así que conocí a Maigret, y por ende, conocí a Simenon (Lieja, 1903-Lausana, 1989). Las historias de detectives no son mi taza de té y no sentí el mismo entusiasmo que mi amiga. Aunque la ejecución del policial era poco más que perfecta, a mi juicio Maigret es frío y desapasionado. De alguna manera, me atrevo a opinar, este defecto lo corrigió Andrea Camillieri, cuyo Montalbano es una cruza de Pepe Carvalho y Maigret.